Recordar y restaurar

Andando en búsqueda del gran oráculo, a través de las sendas de mis existencias, me dirijo hacia la dirección correcta, y me detengo donde ya me he detenido antes, aunque mi conciencia no lo recordaba, es ese lugar donde reina el amor y el perdón, el silencio y la calma, en donde me fundo con mi esencia en sincronía universal; entonces, comprendo que han sido necesarios todos los recorridos con todas sus experiencias, y aunque vuelva a olvidarlo al dejar mi cuerpo mortal para tener que recordarlo nuevamente en otra morada, las respuestas obtenidas a través de este oráculo satisfacen a mi alma entera; y sé conscientemente que por fin llegue nuevamente a mí.

Nada es lo que parece y nuestro autoconocimiento mantiene nuestra mente abierta y nuestra conciencia despierta, por eso sea cual sea la verdad que nos corresponde a cada uno de nosotros, nuestro ser la conoce, porque toda la información está en nuestra esencia que es divina y eterna.

Quien es Dios?

Entonces todo cuanto existe en el Universo dentro de un sinfín de Universos infinitos, incomprensible para el pensamiento humano en el plano terrenal ha sido y continua siendo autocreado como producto del constante movimiento energético cósmico; entonces los mundos y los seres que los habitamos somos producto de la autocreación, pero entonces ha sucedido y sucede que como todo en el cosmos evoluciona a diferente ritmo algunos seres de algunos mundos se hicieron creadores y a su vez crearon seres; y sucedió en la tierra que muchos seres autocreados y nativos del planeta fueron aniquilados por seres creadores o dioses de otros mundos y la tierra se pobló de seres productos de la ingeniería genética extraterrestre, entonces surgió el hombre como aún lo conocemos en este ciclo terrestre, y el nuevo hombre adormecido crea a dios a su imagen y semejanza como producto de la manipulación genética y mental que le mantiene esclavo. Resultó y resulta que el secreto de la liberación es el autoconocimiento y reconocimiento de nuestra identidad como seres verdaderos e independientes con nuestro propio poder mental, porque el poder del Universo habita en cada uno de nosotros los hombres y cada uno de nosotros los hombres somos el Universo mismo. Y el autoconocimiento despertará nuestra conciencia y nuestra conciencia despierta liberará nuestro ser, esto ya sucede en este ciclo, y entonces, sucederá que la humanidad en la tierra será la verdadera. Palabra de Dios.

Nuestro físico

Nuestro cuerpo físico refleja nuestro estado emocional, nuestros pensamientos, nuestra salud espiritual y nuestro equilibrio energético, por eso es importante escucharlo sin pretender culpar a nadie ni a nada por una dolencia en particular, sólo siendo conscientes de que todo tiene su razón de ser y de que ese algo en nuestro interior que ocasiona una manifestación exterior, una vez hemos entendido de que se trata puede lograr que la situación se revierta a su estado de normal funcionamiento. Si algo nos irrita, el cuerpo se irrita, si algo nos sofoca el cuerpo se inflama, si algo nos incomoda el cuerpo pica, si acumulamos ira o resentimientos el cuerpo crea estructuras ajenas o tumores, cuando somos orgullosos nuestro cuerpo forma nudos y deformaciones, el temor a ser agredidos crea barreras físicas o sobrepeso, si no nos sentimos amados ni aceptados nos ocasionamos accidentes o situaciones donde requerimos cuidados, y así sucesivamente cada situación física en particular tiene una explicación dependiendo del ser que la padece, porque somos nosotros mismos que las ocasionamos y en nosotros mismos esta la cura. Los médicos hacen lo que tiene que hacer desde afuera pero nosotros sabemos que hacer desde adentro.



Contratiempo

Tan de prisa como puedo me apresuro a escribir,
ideas que en marea alta inundan mi océano de imaginación.

Tiempo que no volverá, años de mi vida o muchas vidas tal vez,
se vengan ahora, aceleran mi corazón y mis diez dedos.

Dispersión mental que sabotea por momentos atrasa el propósito,
trata de mantenerme cuerda, de reposar mi compulsión.

Necesidad de plasmar palabras, como si estuviese poseída,
de terminar trabajos inconclusos, quizás no de mi autoría.