Reconocimiento del amor en el otro

Compañero inevitable de viaje, simplemente sólo puedo amarte porque mi naturaleza es el amor, así que si crees que me haces daño recuerda que son sólo tus sentimientos y la falta de tu propio encuentro la que los aflora, entonces lo que sucede es que aprendo de ti y reconozco y veo con los ojos del alma en tu esencia esa chispa de amor que es el mismo que nos ha creado a ambos y que lo ha creado todo, por eso nunca serás mi enemigo sino un maestro con el que me retroalimento permanentemente en energía y conocimiento y por lo mismo te amo, agradezco y bendigo tu existencia. 
Que la buena suerte te acompañe siempre y la gracia divina y universal este contigo siempre.

Dejo ir
Con el mismo poder que he permitido la entrada de lo que ha llegado a mi vida, me permito la salida de lo que ya no necesita estar presente, porque ya fue, ya me enseño y me ayudo a crecer, ya lo agradecí y por tanto lo dejo ir.
Lo que a mí no pertenece se aleja y reina en mi recinto interior y físico la paz y la tranquilidad irrompibles a las que tengo merecimiento.

Desde el momento en que me desacostumbre a tus caricias no me afectan tus desaires ni ofensas porque puse en la frontera de mi propia libertad el anuncio de impenetrable hasta para ti. Mantengo firmemente esta regla y disfruto más contigo los buenos momentos mientras que los malos pasan tan velozmente que no logran rozarme. 
Porque se puede vivir armónicamente en pareja sólo si somos conscientes de que se trata de la unión de dos libertades sin pretender robarle la identidad al otro para convertirlo a nuestra imagen y semejanza, o de lo contrario resultaría más benéfico para nuestro ser el disfrutar la maravillosa “soledad” de nuestra propia compañía en donde está todo el amor verdadero.