Mundo confuso

En la mente onírica que imagina un mundo confuso

la locura creativa que exalta los ánimos acorazados

engendra escenas que se acomodan en aleatorio orden.

Cotidianidad insólita de incesantes paradojas,

origen en cópulas desbordadas entre lujuria y ego.

Culpables que reclaman con sollozos su inocencia y

convencidos de su exculpación  que se encadenan a sus rutinas.

Generaciones de niños sabios cuidan de abuelos juguetones,

los discípulos inquietos corrigen y enseñan a su maestros,

los doctrinarios meriendan en sus loncheras las mentiras.

Hombres con pechos sin leche y vaginas secas que paren críos,

parejas de mujeres con barba y voz ronca que son parteras.

Los hijos amamantan sueños y frustraciones paternales,

los ancianos comen sus papillas y defecan en pañal.

Libidinosas religiosas que en visiones abren sus muslos,

ansiosas ruegan ser penetradas por su fálico fervor,

mientras meretrices en rituales suplican no envejecer.

Mundo caos de difícil comprensión en medicada cordura,

de psicoanalistas adictos a la fama y a los somníferos,

de drogadictos que se intoxican en fríos cuartos de hospital.

Todo parece un cuadro surrealista para quien lo lee,

más es cruda realidad palpable someramente ventilada,

trazada en la mente orate de quien concibe esta imaginación.