La mujer de las estrellas

Ella es un ser de luz trabajando en la oscuridad visible para sus semejantes y quienes habitan la naturaleza e invisible para el enemigo.

Ella se preguntaba inquieta mientras miraba su reflejo en el riachuelo ¿dónde está la respuesta a lo que mi voz no hace?, eso que mi corazón guarda y no se manifiesta. El viento jugaba con su cabello, fresca brisa vespertina, los rayos solares tenues hacían su despedida en el fondo multicolor del cielo; la corriente golpeaba las rocas haciendo música y ambientando magno momento. Se percató por asalto que grillos y ranas acompañaban tal encuentro dando a la noche su bienvenida: me siento tan feliz se decía, tan fuerte y complacida de disfrutar hermoso paisaje con melodiosa compañía, de vivir plena cada instante de la vida; más su mirada melancólica solicitaba respuesta y musita a sus propios oídos, cuanto diera por saber antes de que oscurezca ¿dónde inició mi partida para llegar confundida a este mundo? Aunque pareciera que el río le contesta, es su propio destello el que sabe la respuesta. Intriga le causa su presencia en este planeta multicolor lleno de sensaciones manifiestas, de agua, aire, fuego y tierra del Sol origen de la forma cual poderoso Dios de luminoso fulgor dueño de la luz que alumbra todo de día y la noche cuando brilla en el espejo de la luna.

Los pájaros cantaban despidiendo la vespertina y extasiada con el panorama, de pies descalzos y desnuda su alma se entrega a las caricias del tibio clima; es su cuerpo de mujer hermoso traje que sumerge en las aguas que la abrazan y refrescan.

Cierra brevemente sus ojos y al abrirlos de nuevo seducida por el canto de grillos y ranas se percata de la nocturna escena, cuando las aguas se aquietan y un enorme faro en el firmamento ilumina su rostro de eterna belleza.

Su cuerpo se cubre de escarcha plata con tales luminiscencias y de su torso asoma entre pecho un rayo dorado; baja su mirada y lo toca entre sorprendida y aliviada porque en el fondo sabe que es su naturaleza y ve su imagen en las ondas dibujadas en ahora quietud de manantial; se maravilla y suspira, sin cabello ni rostro, sólo una silueta humana criatura de cósmica procedencia.

¿Qué quieres respuesta a tu pregunta le susurra una voz en su cabeza? No te obstines por conocerla, del cosmos eres habitante como lo son todos en gea, la diferencia es que tú elegiste ser viajera de mundos limitada por un carnal cuerpo que aunque sorprendente débil se muestra.

Sus ojos se encendieron como grandes velas y de las palmas de sus manos emergieron rayos violetas, tanto resplandor a su alrededor, el arcoíris la envolvía y supo que era ser de luz forastera en esta tierra.

Trance mágico que detuvo el movimiento y de repente todo quedó en profundo silencio; ya no se escuchaban los animales, el correr del río o el viento ni su propia respiración interrumpía tal acontecimiento, como si se tratara de la muerte temporal del ego; la luna se ocultó tras una nube y las estrellas desaparecieron, todo se torno en un ébano profundo, pero ella alumbraba y sin recordar el nombre de su hogar que no dudo sentir en su corazón está en las estrellas, alguna constelación lejana a su mirada y cerca de su esencia. Supo su consciencia que habitaba el Universo y en la oscuridad siempre se vería a sí misma brillar. Complacida con lo descubierto, la noche volvió a iluminarse y los cuerpos celestes hicieron fiesta. Retorno a su terrenal apariencia y su memoria olvidó tal escena; salió de mágica fuente liviana, se vistió sonriente sin prisa, calzó sus pies mientras contemplaba sus manos y prendió una lámpara para proseguir el regreso a su casa terreno refugio, no sin antes percatarse que era distinta: ya no estaba inquieta, su calma encontró y se dispuso alegre y con humano candor a seguir el viaje de misión recorriendo caminos, encontrando hermanos y despertando entre los hombres la armonía desde la consciencia.