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El nuevo amanecer (Un día de octubre de 2018)

Amanece y aún con el peso de los sueños no recordados sobre mis párpados, me preparo para intentar nuevamente como desde hace 46 años, emprender vuelo, y aunque nunca logro despegar, esa onírica ilusión me hace olvidar por un instante que perdí mis alas. Y cuando intentando alzar el vuelo desde mi cama caigo en el frío piso de mi realidad, comprendo que la única manera de volar es desplegando mis alas imaginarias hacia el solar encuentro, que calienta en principio, que quema al llegar, pero que finalmente las incinera para hacerme caer nuevamente, ya no al frío piso de mi habitación, sino a la crudeza de lo humano; más no desisto de mi intento y en todos mis amaneceres me reinventó mis alas, a veces de carne, a veces de flores de colores, de plumas de papel, a veces de cuchillos filosos o de suave espuma; y por más que las reinventó de mil maneras, el Sol amoroso y poderoso termina por quemarlas. Por instantes fugaces comprendo que no es el momento para emprender el vuelo definitivo; y él, en su amor ardiente y cruel, pero paternal, me devuelve para que continúe mis vanos intentos por acercarme a sus ardientes brazos de vida planetaria y de muerte sofocante, para sentir así, en danzante y vivaz brasa, su dominante fuerza de amante. Vaya motivo de vida, inventar tantas alas como amaneceres hay en mi casi medio siglo de existencia terrenal, pero por qué no?